¿Cómo es realmente la recuperación de una cirugía de corazón? La experiencia de un paciente

Resumen general

Por Paul K. Minifee, MD

Artículo

Como cirujano, conozco el funcionamiento interno de un hospital y sé cómo experimentan los pacientes varias pruebas y procedimientos; sin embargo, cuando me tocó a mí ser el paciente de cirugía cardíaca, tuve que hacerme varias preguntas básicas. ¿Cuánto dolor tendré? ¿Cuánto tiempo tendré que faltar al trabajo? ¿Podría tener complicaciones que podrían obstruir o posiblemente terminar mi carrera, o incluso mi vida? ¿Cuánto tiempo llevará hasta que pueda sentirme completamente bien y pueda recuperar el estilo de vida que tenía antes de la operación?

Durante mi preparación, escribí una descripción realista para guiar y controlar mis expectativas. Me basé en los consejos médicos, familiares, y espirituales. Mi médico de cabecera, mi cardiólogo, y mi cirujano cardiotorácico fueron magníficos a la hora de ayudar a prepararme para mi recuperación. Cada uno de los médicos conocía mis principios éticos en el trabajo y mis motivaciones. Entendieron que yo quería recuperarme y volver a trabajar lo más rápido posible luego de la operación.

El Dr. David Ott, del Texas Heart Institute, fue el cirujano que mi cardiólogo y yo elegimos. Me enteré por primera vez de la excelente reputación del Dr. Ott al final de los años 80s cuando era un residente de cirugía general en el University of Texas Medical Branch en Galveston (UTMB). Durante mi residencia de cirugía pediátrica en el Texas Children’s Hospital, confirmé mi impresión con respecto a sus habilidades cuando trabajé con él en un caso para separar los corazones de siameses.

Yo tengo una válvula aórtica anormal congénita, y me han estado haciendo electrocardiogramas cada tres años durante un período de 10 años. Cuando los electrocardiogramas seriados y mi cardiólogo determinaron que era el momento de reemplazar la válvula, supe que tendría la mejor oportunidad de recuperarme en forma rápida y completa lo antes posible si la operación la realizaba el Dr. Ott.

Antes de mi operación

Mi visita preoperatoria con un cardiólogo, un anestesiólogo, y el equipo de enfermería peri operatorio me ayudó a prepararme para el día de la cirugía y los días siguientes. También me ayudó la experiencia de mi tío que fue sometido a una cirugía de baipás coronario (CABG) en forma exitosa. Él me contó todos los detalles de lo que debería esperar, desde la incisión en el pecho hasta el reinicio de la actividad deportiva luego de la operación. Finalmente, pedí y recibí las plegarias de mi familia, mis amigos, y de la Iglesia.

El día de mi operación

En el día mi operación, mi novia de la escuela secundaria y esposa, Pamela, estuvo conmigo hasta que ingresé a la sala de operaciones. Ella permaneció conmigo durante cada paso del proceso de recuperación.

Recuerdo el área preoperatoria; sin embargo, no recuerdo el ingreso a la sala de operaciones. Lo primero que recuerdo luego de haber dejado el área preoperatoria es el haber despertado en la unidad de cuidados intensivos postoperatorios con mis brazos atados y un tubo endotraqueal instalado. Me habían dicho que me iban a atar los brazos para prevenir que me arrancara los tubos, los monitores, y los cables. No podía hablar, pero mi enfermero, que era muy amable, me hizo sentir que podría comunicarme con él.  Él me incentivó a usar el analgésico administrado por el paciente (PCA) para controlar mi dolor. Había decidido, luego de la visita preoperatoria sobre la anestesia, que optimizaría el uso del PCA, así que cada vez que me despertaba, apretaba el botón.

¿Cómo me sentí luego de la cirugía?

No tuve ningún dolor en la pared del pecho durante los tres días siguientes a la operación. Y después, solamente sentí dolor porque, equivocadamente, pensé que podría aguantar sin tomar el medicamento para el dolor. Me negué a tomar la hidrocodona por qué me había causado mareos y náuseas. En esa tercera noche luego de la operación me desperté con bastante dolor en la pared del pecho; sin embargo, este dolor desapareció completamente con una dosis de morfina intravenosa y Tylenol con codeína en dosis controladas. No experimenté ningún otro dolor hasta las dos semanas luego de la operación, durante la transición del Tylenol con codeína al Tylenol regular.

A la mañana siguiente me quitaron el catéter urinario que me habían colocado durante la operación. Sentí mucho dolor con los primeros intentos de orinar, pero, eventualmente se me pasó. Necesitaba ayuda para poder sentarme, girar en la cama, caminar, y levantarme de la cama para ir al baño. Me habían dicho que pidiera y esperara este tipo de ayuda. Nuevamente, los enfermeros fueron muy atentos e informativos. Durante el primer día postoperatorio, me senté en la cama y en una silla.  

Mi cardiólogo postergó mi salida del hospital para poder controlar episodios de fibrilación auricular, de los cuáles no experimente ningún síntoma. Volvería a casa luego de más controles y de la administración de un anticoagulante en forma oral que debería tomar durante tres semanas luego de la operación y que reduciría el riesgo de accidente cerebrovascular.

“Poniendo el pie” afuera

Mientras estaba en el hospital, fui muy cooperativo con los pedidos para que me levantara de la cama y caminara. En preparación para la operación, caminé diariamente durante varios meses y conté mis pasos con un Fitbit. Durante estos meses, caminé y troté en promedio unos 60.000 pasos por semana. La semana anterior a la operación conté 72.389 pasos.

El Dr. Ott y yo también habíamos conversado sobre la rehabilitación cardíaca postoperatoria, y él simplemente me dijo que podría caminar tanto como quisiera. La semana luego de salir del hospital conté 84.632 pasos, de los cuales 13.294 pasos correspondieron exactamente a la primer semana luego de la cirugía. Durante el primer año luego de la operación, registré un promedio de 60.000 pasos por semana. De acuerdo a los consejos de mi cardiólogo, traté de no trotar o correr durante los tres primeros meses.

Mi diagnóstico de estenosis grave de la válvula aórtica

Uno podría lógicamente preguntarse por qué necesité de un reemplazo de la válvula del corazón si podía hacer tanto ejercicio físico antes de la operación. Yo tuve preguntas similares cuando mi cardiólogo me dijo que mi estenosis de la válvula aórtica se había vuelto grave y que necesitaba un reemplazo de la válvula aórtica enferma. Le pregunté a qué se refería exactamente con “grave”. Parecía exagerado, especialmente considerando que no tenía síntomas cardíacos. Podría trabajar día y noche como un cirujano pediátrico muy ocupado, subir las escaleras, ejercitar en una cinta para correr, cortar el pasto, etcétera. Podía realizar todas estas actividades sin que me faltara al aire, sin desmayarme, y sin dolor de pecho. Si no estaba teniendo ningún problema, ¿podría la condición de mi válvula ser tan grave? Es más, pregunté, “¿cómo podría una operación, en un paciente sin síntomas, realmente hacerme sentir mejor?”

Como comúnmente se dice a veces, el problema no es lo que se sabe si no lo que no se sabe. Mi cardiólogo me explicó que la clasificación de válvula aórtica “grave” está basada en el área de sección transversal de la apertura angostada de la válvula y no en los síntomas del paciente. Mis electrocardiogramas mostraron que la apertura de la válvula se estaba angostando.

No quería que el estado de mi válvula aórtica se volviera crítico. Creo que la válvula de mi padre se volvió crítica cuando él tenía alrededor de 50 años de edad. Él tenía un soplo al corazón como el mío y tuvo un “ataque al corazón” no fatal y un accidente cerebrovascular en el comienzo de los 60s, cuando yo tenía seis años de edad. Los médicos conformaron más tarde que él tenía estenosis aórtica pero sin enfermedad de las arterias coronarias. Se tuvo que jubilar de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América luego de 20 años. No quería que esto me sucediera a mí. Él vivió hasta los 79 años.   

Me di cuenta de que yo podría tener un síncope (desmayo), un ataque al corazón, o un accidente cerebrovascular si la enfermedad de mi válvula avanzaba a una estenosis aórtica “crítica”. No quería que ninguno de estos eventos adversos apresuraran mi muerte o la jubilación temprana de mi carrera. Soy afortunado de amar lo que hago y quiero continuar haciéndolo por mucho tiempo. Por lo tanto, tenía que hacerme la operación y tenía que hacer las cosas bien para asegurar mi recuperación completa.

Recuperación completa

La recuperación completa para mí consistió en lo que me había detallado mi cardiólogo y mi cirujano cardíaco. Me sacaron todos los medicamentos para el dolor a las 4 semanas luego de la cirugía; a las 6 semanas luego de la operación ya estaba manejando; y volví a trabajar a las 8 semanas luego de la operación. Tuve una sensación de vulnerabilidad en la incisión del pecho que duró alrededor de un año; sin embargo, no tuve ningún movimiento o resbalo de la incisión para la esternotomía. 

Después de casi 1,5 años de la operación, me considero completamente curado y recuperado. Ya no vivo más con la amenaza de complicaciones debidas a la estenosis aórtica. A los 61 años de edad, la vida me ha dado otra oportunidad. Mi recuperación de la cirugía cardíaca fue como lo esperaba y se ajustó a la descripción que había escrito en base a los consejos y apoyo de mi familia, mis amigos, mis médicos y el pastor. Yo hice mi parte y el equipo médico hizo la suya para que esta operación saliera bien. Mi recuperación fue un trabajo en equipo que resultó más completo gracias a mis creencias espirituales.

Aprender más sobre enfermedad de la válvula aórtica.

 

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de la Sociedad de Cirujanos Torácicos.